- Los apartamentos rurales son los bloques o conjuntos de unidades alojamiento compuestas cada una de espacios para salón, dormitorio o dormitorios, cocina y cuarto de baño, que se constituyen en edificios o construcciones que respondan a la arquitectura tradicional asturiana de la zona, en los que se proporciona, mediante precio, el servicio de alojamiento, cuando se cede el uso y disfrute de los mismos, con mobiliario, instalaciones, servicios y equipo en condiciones que permitan su inmediata ocupación, y que reúnen los requisitos señalados en el Decreto de Alojamiento de turismo rural.
Apartamentos turísticos:
- Se incluyen en esta modalidad de alojamiento turístico los edificios de pisos, casas, villas, chalés o similares, o conjunto de ellos, que ofrezcan, mediante precio, alojamiento turístico, cuando se ceda el uso y disfrute de los locales referidos con mobiliario, instalaciones, servicios y equipo en condiciones que permitan su inmediata ocupación, cumpliendo las exigencias establecidas en esta Ley de Turismo de Asturias.
Casas de aldea:
- A diferencia del resto de España en Asturias las Casas rurales se denominan oficialmente:
- Casas de Aldea. Son viviendas autónomas e independientes, cuyas características sean las propias de la arquitectura tradicional asturiana de la zona, en las que se proporcione, mediante precio, el servicio de alojamiento y, eventualmente, otros servicios complementarios. Fuera de Asturias se las conoce como Casas rurales.
Casas rurales:
- Son casas dedicadas al alquiler turístico situadas en el entorno rural siendo viviendas autónomas e independientes como principal característica y, habitualmente, son propias de la arquitectura tradicional asturiana de la zona, en las que se proporciona, mediante precio, el servicio de alojamiento y, eventualmente, otros servicios complementarios. En Asturias se las conoce como Casas de Aldea.
Los condicionamientos geofísicos del concejo de Taramundi –yacimientos de hierro, gran riqueza forestal, cuencas impetuosas y abundante pluviosidad– han sido decisivos para la proliferación de numerosos mazos y ferrerías y, en general, para el desarrollo de la artesanía del hierro, de la que se ocuparon estudiosos como Campomanes y Jovellanos.
La elaboración de las llamadas «navayas de Taramundi» comenzó hace aproximadamente 130 años, siendo las primeras parecidas a las actuales «xarapas» (sin ningún tipo de decoración en el mango).
En el año 1960 existían en el concejo de Taramundi 80 talleres dedicados a la fabricación de «navayas» y cuchillos. En la actualidad tan sólo 22 artesanos se dedican a estas labores.
Las herramientas utilizadas en la elaboración de estos utensilios se transmiten de padres a hijos o bien se construyen a partir de modelos antiguos. De cualquier manera, siempre son realizadas por los propios artesanos atendiendo a necesidades concretas de su labor y respetando su sentido tradicional y familiar.
Estas herramientas son, por ejemplo, las tixeras, el martelo, la taxadeira, el tufo, el furador, la serra...
La hoja
El material con que se fabrica es acero al carbono o limas de deshecho y acero inoxidable (más difícil de moldear). Para el eje se utiliza hierro dulce.
Siempre en caliente, se efectúa la marca de la «uña», se hace el «pie» y se graba el «cuño». Luego se moldea y se aplica el «furador» (especie de taladro en el que se perfora el agujero por el «eje»).
Una vez realizado este proceso, «se cuece» sobre brasas de carbón vegetal y «se templa» en agua. El agua caliza de Taramundi mejora las características del templado.
Una vez templada la hoja, es necesario «revenirla», es decir, templarla de nuevo, para evitar que se rompa. Ésta es la parte más delicada, ya que es necesario atender a diversos factores, como la intensidad del fuego y del tiempo que se mantenga dentro de él y del agua.
El mango
La madera más valorada por los artesanos es la de «boxe» o boj, aunque también se utiliza la de «uz» o brezo (más abundante en la zona).
La forma y decoración del mango determina las diferencias entre los distintos modelos de navaja y, a menudo, entre sus creadores.
La decoración a base de líneas entrecruzadas y coloreadas permite reconocer fácilmente las navajas de Taramundi: para realizarla se utilizan «serras», con las que se graba el dibujo. Después se «engoma» y, por último, se colorea.
También se realizan mangos con otros materiales distintos a la madera (aunque, en este caso, ya no corresponden estrictamente a la «navaya de Taramundi»): astas de vaca, cuernos de corzo o patas de diferentes animales sirven para este fin. Destacamos las fabricadas con astas de vaca «marela» –de cueros amarillos– con incrustaciones de acero inoxidable, plata o alpaca.
El tercer elemento constitutivo de las navajas es la argolla o «virola», chapa que rodea el extremo superior del mango. Se fabrica a partir de hierro, dulce, latón, acero inoxidable y alpaca, e incluso plata. Sus características nos remiten directamente a la identidad de su creador.
Taramundi
Concejo situado en el extremo occidental de la provincia, a 3° 19' 58" y 30 26' 48" de longitud O. y 43° 17' 54" y 43" 25' 38" de latitud N. en relación al meridiano que pasa por Madrid. Tiene una extensión de 82 kilómetros cuadrados. Limita al N. con los concejos de San Tirso de Abres y Vegadeo; al S., con el concejo de Santa Eulalia de Oscos y la provincia de Lugo; al E., con los concejos de Vegadeo y Villanueva de Oscos, y al O. con la provincia de Lugo. El municipio constaba antaño de dos parroquias: San Martín de Taramundi y San Julián de Ouría; pero en los últimos arreglos diocesanos se crearon las dos feligresías de San Pedro de Bres y Santa María de Veigas del Turia, pertenecientes todas al arciprestazgo de Taramundi. Estas parroquias están integradas por varias localidades.
Actualmente, el acceso más fácil y directo a este concejo, partiendo de Oviedo, es desde la carretera N-634, en Vegadeo, hacia el S., por una carretera cuya categoría en los mapas es la de camino provincial, estrecho pero en buen estado de conservación, que pasa dentro del concejo por Ouría, El Castro, Chao de Leiras, Entorcisa, Arrojo, Bres y Aguillón. Otro acceso nace en la comarcal de Vegadeo a Los Oscos y Fonsagrada, por el ramal que arranca de Monticelo (Vegadeo) para enlazar con la anteriormente citada en Bres. Y otro, desde la N-634, en Puente Nuevo (Lugo), mediante el ramal que entra en el concejo por Mousende. Partiendo de Taramundi, capital, por el interior, se puede llegar a Oviedo tomando en el citado punto de Monticelo la carretera de Vegadeo a Los Oscos y Fonsagrada, uno de cuyos ramales enlaza en Pesoz con la C-644 a Navia y en Grandas de Salime con la C-630 a Pola de Allande, Tineo y La Espina, donde enlaza con la N-634 a Salas, Grado y Oviedo. Otros caminos aptos para vehículos de motor son el de Sela de Entorcisa a Villarede; de Sela de Entorcisa a Leiras; de Sela de Fabal a Tingas; de Taramundi a Nió, La Pereira y Los Oscos; de Taramundi a Navallo y de Couso a Santa Marina. Hay coche de línea entre Taramundi y Vegadeo tres días por semana, y uno diario a Ribadeo con estudiantes del Instituto, que puede ser utilizado por otros viajeros hasta Vegadeo. Las citadas vías de comunicación son insuficientes para el concejo, ya que aproximadamente la mitad de sus localidades están incomunicadas por carretera. En lo que se refiere a la geomorfología, las características de este concejo son las mismas, o muy parecidas, a las ya descritas en los concejos occidentales de Asturias. El término de Taramundi se encuentra en el extremo occidental de una extensa área en terreno siluriano, cuyos principales fragmentos estratigráficos los componen la pizarra y grauwake, cuarcitas y calizas. Forma esta área un contorno a modo de tronco de pirámide invertida comprendido desde la ría de Ribadeo, descendiendo hasta el puerto de Cienfuegos, en los limites con León, para, tras alcanzar el de Somiedo, remontarse hasta la ría de Pravia. Este terreno siluriano, en el que predominan las pizarras y el grauwke, ocupa prácticamente la totalidad del territorio taramundense, con la única excepción de un pequeño fragmento en terreno aluvial localizado en ambas márgenes del río Cabreira. Los estratos que se distinguen en este reducido fragmento son aluvión, turba y toba. Hay yacimientos de hierro. Sobre este terreno, que Schulz trazó en su Mapa Geológico de la Provincia de Oviedo, se configura una orografía montañosa y quebrada, aunque sin llegar a alcanzar el aspecto alpino, con gran variedad de valles en todas direcciones formados por los numerosos riachuelos y arroyos que bañan el territorio municipal. Varios núcleos de población están situados a más de 600 m de altitud y algunos. como Couso, a más de 800 m. El territorio municipal forma una especie de óvalo cuyos limites N., O. y S. están señalados por sierras y cordales. Al N. están los Cotos de Guiar; al NO., la sierra de Piedrafita, con alturas que oscilan entre los 650 y los 878 m de N. a S.; al E., la sierra de Ouroso, con cumbres que rebasan los 1.000 m.; al SE., las estribaciones del cordal de Sendiña; al S.-SO., la sierra de Teijedais, cuyas mayores alturas superan los 900 m. Por su mitad septentrional atraviesa tres cuartas partes del territorio la sierra de Eirúa, menos abrupta en conjunto que las anteriores. pero con alturas que superan los 700 m.: en sus laderas y estribaciones se encuentran las localidades de Abrido, Entorcisa, Pereiro y Arredondas. Dentro del término municipal se distinguen dos cuencas hidrográficas, ambas tributarias del río Eo, perfectamente delimitadas por la citada sierra de Eirúa: al N. de la sierra, la cuenca del Ouría, río que baña la parroquia de su nombre y recibe numerosos afluentes, como el arroyo de Lameirón, el del Infierno, el de Chao do Monte, etc.; en una parte de su curso forma el límite de Taramundi con Vegadeo, y el de este concejo con el de San Tirso de Abres, desembocando en el Eo. Al S. de la sierra de Eirúa, la cuenca del Turia y el Cabreira, que con sus respectivos afluentes bañan la mitad meridional y más poblada del concejo. El Turia nace cerca de la localidad de su nombre y desemboca en el Eo, después de recorrer las aguas de los arroyos Abareira, que nace en San Andrés de Logares (Oscos), y Mestas, que nace en la parroquia de las Veigas de Santa Marina. El Turia es río impetuoso en la época del deshielo. Por su parte, el Cabreira, que pasa por la capital del concejo, recibe las aguas de los arroyos Granda Falsa, Valiños, Franjoz, Fron y Vañeirú; nace en Teijo, parroquia de Bres, llamándose Brañeirú hasta el lugar de Cabreira, donde toma este nombre; se une al Turia en Mazo Novo.
La historia de este concejo transcurre unida a la de Castropol hasta fines del s. XVl, pues hasta entonces figuraba como un anexo del gran partido castropolense. En aquella época los alcaldes y procuradores subalternos de la hermandad asistían en Castropol a las juntas regulares que se celebraban en el Campo de Tablado, para hacer elecciones, distribuciones de alcabalas y pechos, recibir órdenes del señor episcopal, etc. Cabe señalar que en el desarrollo de todos estos eventos se observaba cierto dualismo e independencia en las actuaciones de las feligresías de Taramundi y Ouría. La dependencia de Castropol subsistió hasta la desamortización ordenada por el rey Felipe II, cuyo comienzo relata Benito Ruano así: «Con fecha 6 de abril de 1574, Gregorio XIII autorizó al rey de España, mediante el breve Cum acceperimus, a enajenar bienes eclesiásticos (tot opida, arces, fortalicia, villas, terras et loca) en beneficio propio y previa indemnización, hasta un valor de 40.000 ducados de renta anual. Pese a la resistencia y a la oposición doctrinal de prelados y teólogos nacionales, Felipe II procedió a la ejecución de las correspondientes ventas, permutas e incorporaciones, que comenzaron a repercutir económicamente en las arcas reales. Las protestas fueron acalladas por una nueva disposición pontificia de 14 de marzo de 1579, ratificadora de la anterior, y la desamortización afectó, dentro de los límites expresados, a la generalidad de las diócesis españolas». La emancipación de este concejo se consumó de junio a setiembre de 1584, con la compra de las parroquias de San Martín de Taramundi y San Julián de Ouría, las dos únicas feligresías que antaño formaban el concejo, elevadas por el rey a la categoría de villas. Con este arreglo se apartaba Taramundi del señorío del obispo ovetense, con la promesa de que no volvería a ser separado de la Corona. En junio de 1584 fueron elegidos un alcalde y tres regidores, dos por Taramundi y uno por Ouría, que aplicaron las primeras ordenanzas, en cuya redacción participaron varios vecinos comisionados. En estas Ordenanzas estaban comprendidos todos los esquemas cívico-jurídicos que reglamentarían las formas de vida del nuevo concejo realengo. En ellas se prestaba un interés particular al establecimiento de las normas que regularían los sufragios con el fin de evitar las presiones de los señores y la venalidad. La elección era indirecta, disponiéndose en Taramundi que los seis electores juramentados no pudieran comunicarse con persona alguna, permaneciendo aislados en otro local hasta tener el resultado final del sufragio. Gran parte de los preceptos de estas Ordenanzas tuvieron vigencia en sucesivas redacciones, hasta 1783. En el municipio de Taramundi estaba el coto y jurisdicción de la Vega de Zarza, próximo a Vega de Llan, del señorío de los Bermúdez, fundada por Gonzalo Bermúdez y su esposa a fines del s. XVI y conservada por sus descendientes hasta principios del XIX, si bien antes la jurisdicción fue protestada y con frecuencia interrumpida, según Canella. La Vega de Zarza estaba situada en el lugar llamado hoy «Chao d'o Poyo», muy cerca de la confluencia del río Cabezón o del Bao con el río Turia. En unas excavaciones realizadas hace aproximadamente un siglo, aparecieron restos del horno o regazal donde se fundía el hierro. Una vez realizada esta operación se hacían bloques de unas 100 libras, que se llevaban al mazo para confeccionar las piezas deseadas. Este mazo, que estaba contiguo, funcionó hasta hace poco más de medio siglo. Es tradición que el mineral de hierro se obtenía en las montañas de los alrededores, donde hay filones de este mineral, cuyo transporte a la fundición se hacía con mulas. El «Pico de la Coroa», próximo al pueblo, estaba repoblado de robles y castaños que se usaban para hacer foyas de carbón. Escorias o escourias procedentes de esta ferrería fueron vendidas a la Fábrica de Moreda y Gijón para su refundición y aprovechamiento, en cantidad superior al centenar de toneladas. En 1967, cuando se realizaba la perforación para un pozo artesano, se encontró una dura capa de escorias y gran cantidad de clavos a una profundidad de dos metros.
Entre los hijos ilustres de este concejo se cita como más importante a Manuel Lombardero Arruñada. Otros: Fray Antonio Marcos Santamarina, de Arredondas, monje de la Orden de San Benito, doctor en Teología y prior de San Marcos en Madrid; Fray Jerónimo Amezaga, de Aguillón, doctor en Leyes, que ingresó en la Orden de San Bernardo y fue prior en el convento de la Braña del Sor; Diego Amezaga, también de Aguillón, magistrado de la Audiencia de Castilla; Bernardo Antonio Penzol Lavandera, de Teijo, canónigo en Mondoñedo; Justo Villanueva Lombardero, de Bres, magistrado de la Audiencia de Valladolid. En cuanto a familias nobles que han tenido solar en el concejo, en el siglo XV estaba establecida la familia Bermúdez Díaz de Castropol, que ostentaba el señorío y propiedad de la citada Vega de Zarza. Tiene por divisa una orla con un busto sobre corona sostenida por dos leones, quince jaqueles de sable en campo pajizo circundados por una cadena en campo de azur, una casa fuerte con su vestido militar, de cota, una media luna que representa un rostro, cinco llamas de fuego y tres estrellas con tres flores de lis. Desciende este solar de los de Arraxín, Torre da Veiga, San Andrés de San Tirso, Lamas de Moreira, Palacio de Villamil y de Valledor. La casa de Trelles, con Vicente María Trelles Valdepares y Miranda, dueño de la muy antigua casa solar de Trelles y Valdepares, tiene por escudo cinco doncellas adiestradas de dos leones y siniestradas de un cielo con siete estrellas y dos pinos. Desciende de los solares de Villar, Pimentel y Miranda, en el reino de Galicia. Las principales fuentes de riqueza en este concejo son la ganadería y la agricultura, especialmente la primera. Los sistemas de cultivos predominantes, como dice Ferrer Regalés, dependen en gran parte de la altitud, aunque pervive el cultivo en hojas; en las áreas de clima más favorable han podido ser introducidos los forrajes, que enriquecen la dieta ganadera. En las tierras bajas y medias se continúa practicando la división del suelo en dos hojas, una de trigo y otra de maíz y patatas; cuando se recoge el trigo en agosto se plantan nabos o alcacer; los nabos se recogen en marzo, sembrando entonces la patata. El maíz se siembra en abril, y no en el fondo de los valles, que suele reservarse para cultivos no ganaderos, como las hortalizas, berzas y patatas tempranas. Por encima de los 700 m el trigo es sustituido por el centeno cultivado aún por el viejo sistema de la «cavada», «aunque en general, los altos parameros arrasados de occidente --700 a 1.200 m-- soportan un pasto pobre de helechos, tojos, juncos, gramíneas y carex. El praderío va poco a poco interesando más al ganadero. Se trata de un praderío, o bien no abonado, o apenas enriquecido con superfosfato; como en la costa occidental, los hay de secano y de regadío, siendo estos últimos los existentes tradicionalmente. Al prado segado se le da un corte en julio destinado a la henificación y en verde un corte a principios de primavera, y dos cortes en otoño, permitiendo así el pastoreo directo en primavera o incluso en invierno» (Ferrer Regalés). Así pues, predominan los cultivos en función de la ganadería y las superficies útiles no cultivadas, como los prados naturales. Según datos facilitados por la Hermandad de Labradores de Taramundi, las superficies dedicadas a cultivo, prados y arbolado, con ligeras variaciones de un año a otro, son como sigue: trigo, 179,65 Ha.; centeno, 15,65 Ha.; maíz, 160 Ha., de las que 32,20 se dedican al maíz asociado con alubias; patata, 1.680 Ha.; cultivos herbáceos (secano), 758 Ha.; prados naturales, 455 Ha.; pastizales sin arbolado, 3.422 Ha.; pastizales con arbolado, 532 Ha.; arbolado sin pastos, 2.909 Ha. (entre repoblación y vegetativo natural); superficies no agrícolas (caminos, pueblos, etc.), 150 Ha.; improductivo, 94 Ha. Los árboles predominantes, aunque muy mermados por las talas, son el castaño, roble, abedul y aliso. La repoblación forestal, muy importante, realizada por el Servicio Nacional en consorcio con el Ayuntamiento, es a base de pino y eucalipto que, en lo referente al primero, da un pequeño índice de exportación. Puede ser ésta un factor económico importante para la vida del concejo, pues sus montes están destacando por su rápido desarrollo. Éstos son de propiedad particular, indivisa en su mayoría.
En conjunto, el municipio es deficitario desde el punto de vista agrícola, exceptuando la patata, cuyo índice de exportación, sin embargo, no es tan elevado como permite suponer la extensa superficie dedicada a su cultivo, porque se aprovecha como cebo para el ganado, en mayor o menor proporción, según las oscilaciones de los precios. Finalmente se puede añadir lo lenta que resulta la mecanización del campo debido sobre todo a lo poco propicia que es la geografía de la zona. Por ello perviven aún modos de producción arcaicos, como el uso del arado romano.
En el aspecto ganadero, la comarca pertenece a la que Ferrer Regalés llama «región media del Occidente asturiano». Su proximidad a Galicia hace que sea de transición al ámbito ganadero lucense, manifestándose en el hecho de que la explotación, en general, está basada más en los cultivos ganaderos que en la pradera. En el sistema de cultivos, como queda indicado, tienen más importancia los de función ganadera que los de alimentación humana, de consumo casero estos últimos, y no comerciales. El ganado vacuno es fundamentalmente asturiano, suizo y holandés. «El Occidente --escribía Ferrer Regalés en 1963-- constituye todavía un país de carne, a pesar de que el ganado de raza va paulatinamente introduciendo la explotación lechera.» En la actualidad, esta última es muy superior a la cárnica. «Hasta hace poco --añadía el citado autor-- la relación del casero con las fábricas transformadoras se llevaba a cabo por medio de las desnatadoras, que le servían de base para la alimentación del ganado de cerda. Hoy la desnatadora ha iniciado la retirada, sustituida por la venta directa de la leche.» En la variedad ganadera del valle la estabulación es invernal (más de la mitad del ganado de este concejo vive en régimen de estabulación casi permanente), pero el ganado sale a pastar en los prados de propiedad particular los días poco crudos. En la estación primaveral se efectúa el pastoreo directo, tanto en los prados como en los rastrojos y límites de las tierras de labor. Durante el verano y el otoño se aprovecha la toñada de los prados segados, pero no en todos, ya que algunos se dejan sin pastar para poder efectuar una segunda siega destinada al consumo en verde como suplemento del pastoreo. La alimentación estabularia invernal suele consistir en heno y nabos y un complemento (de patatas muchas veces) para las vacas de leche. No se practica aquí el pasto de puerto. El ganado vacuno está representado por 1.106 vacas de leche y 583 de carne; el de cerda por 635 cabezas, y el caballar, mular y asnal, en conjunto, por 308. Se exportan unos 600 terneros al año, 100 cerdos, jamones y hojas de tocino, siendo de notar que la mayor parte de las ventas de ganado se realizan en corral. Pero el producto de mayor volumen de exportación, pese al gran consumo interior, es la leche, de la que salen aproximadamente 2.500 litros diarios. Todos estos datos, como los relativos a la agricultura, fueron facilitados por la Hermandad de Labradores de Taramundi.
En lo político y administrativo se puede decir con razón que es el municipio mas abandonado de Asturias, en parte debido a la distancia que guarda del de Oviedo (180 km). El Ayuntamiento aloja también en su inmueble el Juzgado de Paz. El presupuesto para 1971 fue de 546.920 ptas., y sus fuentes de ingresos son, en primer lugar, la aportación del Estado y, después, los arbitrios municipales. Existe alcantarillado y traída de aguas en la villa capital. La electrificación, causa de mucho retraso industrial, es particular y no soluciona más que el alumbrado doméstico, y aún deficientemente, pues quedan pueblos sin luz. La actividad cultural del concejo arranca de la llamada Sociedad de Instrucción, Recreo y Fomento «El Despertar Taramundense», con Reglamento de 1927. La sociedad está ubicada en la capital del concejo, y sus fines primordiales son «promover la cultura y progreso por todos los medios a su alcance; procurar la unión y solidaridad de los habitantes del concejo e impulsar su mejora intelectual. material y social, a cuyo fin creará bibliotecas fijas y circulantes, dará lecturas. conferencias, reuniones sociales. obtendrá diarios y revistas». También entre sus objetivos se encontraba la idea de cooperar en el desarrollo de las actividades de los centros e instituciones de enseñanza. Allí donde se considerase necesario se impartirían clases diurnas o nocturnas con el fin de facilitar a todo vecino los primeros elementos de una instrucción primaria. Hay que citar también otra asociación, «Taramundi progresista», fundada por Jovino L. Villar en 1922, en Teijo, e impulsada por la necesidad urgente de dotar a todo el concejo de las escuelas necesarias «para acabar con el denigrante analfabetismo que lo deshonra y no por culpa suya y lo coloca en un plano de inferioridad respecto a otros pueblos de historia más reciente y de medios económicos y culturales para su progreso». En la actualidad, la primera enseñanza se imparte en las escuelas de niños y niñas de Taramundi y en las mixtas de Aguillón, Bres, Silvallana, Teijo, Ouría, Veigas y Santa Marina. Por falta de población escolar está cerrada la de Araidos. El alejamiento de algunas localidades dificulta la escolarización.
En cuanto a fiestas, en la capital se celebran la llamada Fiesta Candelas, el 2 de febrero. con feria; San José, también con feria; Nuestra Señora del Rosario, el primer domingo de junio, y San Martín, patronal, el 11 de noviembre, con feria. En las demás localidades del concejo se celebra: San Pedro, 29 de junio, en Bres; Nuestra Señora del Carmen, 16 de julio, en Ouría, y Nuestra Señora de las Nieves, con fecha variable, en Veigas. Existe la particularidad, respecto a la fiesta del Corpus, de que la función religiosa se celebra siempre en la parroquia de Taramundi, y la profana en el pueblo que corresponda, por turno. El principal aliciente para el turismo, dejando aparte las bellezas naturales de la comarca, es la pesca de la trucha, muy abundante y de muy buena calidad. especialmente en los ríos Turia y Cabreira. En determinadas épocas es grande aquí la concentración de pescadores. Aunque en menor escala, es también interesante la caza de perdiz y liebre, con la particularidad de que en los últimos tiempos se está asistiendo a una especie de «repoblación» en lo que se refiere a la caza. No existe comercio de importancia, si se descartan los almacenes de abonos. y el pequeño comercio está representado por numerosos establecimientos mixtos. En cuanto a la industria, pequeña y artesana en todo caso, hay una carpintería mecánica con fabrica de muebles y aún se conserva la tradición ferrera, tan característica del occidente astur. En Taramundi se fabricaban, destacando la industria casera del clavazón, calderos de hierro, sartenes, cucharas, cuchillos, navajas y aperos de labranza. Estos productos, además de exportarse, eran motivo de animado comercio en los mercados dominicales. Si bien el auge de esta peculiar industria data de tiempos ya lejanos, se mantienen en el concejo una treintena de talleres. Se fabrican principalmente calderos, navajas y cuchillos. El proceso de su elaboración, bastante arcaico, es doble: como primera labor se lamina el hierro en bruto, o bien acero, empleando un mazo de utilización común; conseguidas las láminas, se rematan, a base de martillo, en la fragua que posee cada taller; las hojas ya perfeccionadas pasan a la piedra de esmeril y a la de asiento para pulir. Los mangos son de madera de boj o de uz y la producción de navajas y cuchillos oscila, según los talleres, entre las dos o tres docenas diarias y las seis docenas semanales, respectivamente. Del mazo de Aguillón, uno de los tres que subsisten en el concejo, está probada documentalmente su existencia desde 1600, aunque se sabe que es mucho más antiguo, puesto que el tipo es romano. Entre los 30 talleres citados hay algunos que fabrican verdaderas obras de arte; pero, lamentablemente, la crisis de mano de obra joven es cada día más aguda, y esta tradicional artesanía está en peligro de pronta desaparición.
La vida comercial se hace casi exclusivamente con Lugo y Puente Nuevo, lugar este último centro ferial de la zona.
En el aspecto lingüístico, Taramundi está dentro de la extensa zona astur de habla gallega, sin que apenas haya influido el castellano hasta el presente ni tampoco el bable; en el término municipal son de notar algunas peculiaridades. Así, pueden observarse, según el lugar, distintos rasgos fonéticos en vocales como la e y la o que, en la zona de Bres, al NO., tienen una pronunciación más abierta, mientras que en Vega de Zarza y Mousende, al O., se pronuncian más cerradas. Las vocales o y a, cuando son finales de palabra, pueden designar diferencia de tamaño, pero también pueden tener significación de cosas distintas: gadaño significa azada de dos dientes y gadaña, guadaña de segar hierba. Es también peculiar la limitación semántica de diversos vocablos: se cita, por ejemplo, «morir», que cuando se refiere a la muerte de un animal se usa morrer, con formas modales como morreo, mientras que si se refiere a una persona se tiende a la castellanización, resultando formas como muríu: ejemplo: morreo un gato, "murió un gato", y muríu un home, "murió un hombre".
Del refranero popular se reproducen a continuación los siguientes proverbios recogidos por Luciano Castañón: A can que che ladre, nunca ye escapes; Contra corriente costa mais trabayo andar; Cuando a cigueña vay pro mar, pilla os bois e vay arar, e cuando vay hacia Meira pon o caldeiro a goteira (la primera parte indica buen tiempo y la segunda lluvla); En abellas y en oveyas non metas o que teñas (que no producen beneficios); Muyer e mula, todo é zuna; Nunca vayas detrás de quen che escapa; O que fai ben nunca o perde; Ouria e Bres, Taramunde e Les, Abres ya Veiga, Tol e Piñeira, Ribadeo e Villaselán ¿cuántos lugaríos serán? Y este otro, referente a dos caseríos, situado el primero en la margen izquierda del río Turia y el segundo en la derecha: Cando a curuxa soa n'o Pasatempo, bon tempo; e se soa en Vilanova, auga n'a cazola.
Como curiosidad se indican los apodos que suelen aplicarse a los vecinos de ciertas localidades del concejo: a los de Lourido se les llama pitas chocas; a los de Llan, velaiñas; a los de Nogueira, forniquiñas; a los de Valín, carricantas, y a los de Vega de Llan, raposas.
En la iglesia parroquial de Taramundi hay un interesante retablo barroco, y en la misma villa está el Carbayo do Poyo, plantado, según se cuenta, en tiempos de Felipe II, cuando Taramundi ascendió a la categoría de villa; bajo él se celebraban los juicios.